Béisbol

El Milagro de Caripito: Cuando el Niño Jesús cambió los juguetes por bates y guantes

Ilustración de Alex Cabrera bateando y Manny Trillo fildeando, peloteros venezolanos nacidos en Caripito el 24 y 25 de diciembre

Del poder descomunal de Alex Cabrera (24/12) a la elegancia de Manny Trillo (25/12): la historia de cómo un pequeño pueblo de Monagas recibió dos veces el premio gordo de la lotería genética del béisbol.

Dicen que en Navidad ocurren milagros, pero en Caripito, estado Monagas, el Niño Jesús se pasó de generoso. Mientras en el resto del país se abrían regalos tradicionales, en este rincón petrolero el destino estaba cocinando dos de los capítulos más importantes de nuestra pelota, separados por 21 años exactos.

24 de Diciembre de 1971: El Regalo del Poder Tal día como hoy, hace 54 años, Caripito recibió el primer impacto. Nacía Alexander Alberto Cabrera, «El Samurái». Parece que el cielo sabía que Venezuela necesitaría fuerza bruta. Cabrera no fue un regalo de sutileza; fue un obsequio de estruendo. El hombre que destrozaría el récord de jonrones en una temporada, el primer criollo con 300+ HR en Japón, y el dueño del swing más intimidante de la LVBP llegó como un cañonazo en Nochebuena. Si el 24 es fiesta y ruido, Cabrera fue exactamente eso: pirotecnia pura en el plato.

25 de Diciembre de 1950: El Regalo de la Elegancia Pero la historia ya tenía un precedente. Mañana celebraremos que, hace 75 años, en el mismo suelo monaguense, nació Jesús Marcano Trillo. Si Cabrera fue la fuerza, «El Indio» fue la poesía. El Niño Jesús del año 50 trajo al mundo las manos más suaves que han defendido la segunda base. Trillo, el héroe de la Serie Mundial del 80 y múltiple Guante de Oro, representa la calma, la técnica y la clase del día de Navidad.

El Pesebre de la Pelota Es casi místico pensar que el mismo pueblo, con la misma agua y el mismo sol, parió los dos extremos perfectos del béisbol:

  • El 24 de diciembre nos dio al hombre que sacaba la bola del estadio con un solo brazo.
  • El 25 de diciembre nos dio al hombre que convertía los hits en outs con un movimiento de ballet.

Caripito no es Nueva York ni Santo Domingo, pero en el calendario sagrado del béisbol venezolano, es nuestra capital de la Navidad. Porque allí, entre pozos petroleros y calor oriental, quedó demostrado que Dios, definitivamente, es fanático de la pelota.

¿Qué Opinas?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias

Inicio