Parece que en Venezuela, por más goles que metas o copas que levantes, si no bateas jonrones, te quedas con las ganas. Jefferson Savarino, el mago del balón que con su talento llevó al Botafogo a conquistar la Copa Libertadores, pero se quedó con las manos vacías en la premiación al Atleta del Año.
¿El ganador? Anthony Santander, un jugador de béisbol que, si bien tuvo una buena temporada con los Orioles, no alcanzó la gloria continental como el «mago» del fútbol.
Esta decisión, tomada por la sapiencia (¿o sería la miopía?) de los periodistas deportivos del país, ha desatado una ola de comentarios, debates y, por qué no, indignación entre los aficionados. Pareciera que en Venezuela, el béisbol sigue siendo el deporte rey, el único capaz de coronar a sus héroes. ¿Acaso el fútbol, con sus millones de seguidores y su creciente protagonismo en el escenario internacional, no merece el mismo reconocimiento?
Savarino, con su zurda mágica y su gambeta endiablada, nos hizo vibrar a todos con sus jugadas en la Copa Libertadores. Llevó al Botafogo a la cima del continente, demostrando que el fútbol venezolano tiene talento de exportación.
No se trata de desmerecer los logros de Santander, quien sin duda tuvo una temporada destacada en las Grandes Ligas. Pero, ¿Es justo ignorar el impacto que Savarino ha tenido en el fútbol venezolano e internacional?
Esta polémica nos recuerda que en Venezuela, quizás sea hora de que los periodistas deportivos amplíen su visión y reconozcan el talento que se desarrolla en otras disciplinas.

