Hay equipos que parecen tener doble personalidad. Caribes de Anzoátegui, la tribu oriental, es uno de ellos. En casa, en el «Chico» Carrasquel de Puerto La Cruz, son un vendaval, una máquina de ganar partidos. Pero cuando salen de gira, se transforman en una sombra de sí mismos, un equipo irreconocible que acumula derrotas como si fueran barajitas. ¿Qué diablos pasa con Caribes? ¿Jekyll y Hyde en la LVBP?
La tribu comenzó la temporada con un calendario dificil: una semana de gira, otra en casa. Y la diferencia entre ambas versiones es abismal. De visitantes, la defensa se convierte en un coladero, con errores infantiles que le regalan carreras al rival. «Después del error viene el hit», dice el viejo adagio beisbolero, y Caribes parece confirmarlo a cada paso. A pesar de embasarse con cierta frecuencia, las carreras no llegan, y el promedio de anotación apenas roza las cuatro rayitas por juego.
Pero en Puerto La Cruz, la historia es otra. Ahí, Caribes saca las garras, se transforma en una fiera indomable. Han vencido a los pesos pesados de la liga: Tiburones, Bravos, Tigres. Claro, también han tenido noches para el olvido, como aquella derrota ante La Guaira en la que, a pesar de conectar 20 hits y anotar 8 carreras, terminaron perdiendo por culpa de cuatro errores defensivos.
La inconsistencia es la marca registrada de este equipo. El pitcheo, por momentos dominante, se desmorona en otros. La defensa, como ya dijimos, es una ruleta rusa. Y el bateo, aunque con destellos de brillantez, carece de la contundencia necesaria para ganar con regularidad.

Andrew Monasterio, con su average de .364, 2 jonrones y 12 empujadas, es la bujía ofensiva del equipo. El cubano Richard Guasch, con dos victorias y un rescate sin carreras permitidas, es el baluarte del bullpen. Pero se necesitan más piezas para armar el rompecabezas.

A pesar del desastre como visitante, Caribes ha logrado salir del sótano y se encuentra a medio juego de la zona de clasificación. «Esto es pitcheo, defensa y bateo oportuno», declaró Niuman Romero, el capitán de la tribu. «Si no hacemos la jugada de rutina, vamos a dejar de hacer outs». Palabras sabias, que resumen la clave para que Caribes deje de ser un equipo bipolar y encuentre la consistencia que necesita para pelear por el campeonato.
Al final, la pregunta sigue en el aire: ¿Jekyll o Hyde? ¿Cuál es la verdadera cara de Caribes? Solo el tiempo lo dirá. Pero una cosa es segura: si logran domar a sus demonios internos, esta tribu puede ser muy peligrosa.

