Por Felipe Elías Mujica T.
En el béisbol, solíamos creer que el enemigo más temible era una recta de 100 millas o una curva que se cae de la mesa. Estábamos equivocados. En 2026, el rival más difícil para las selecciones de nuestra cuenca no viste uniforme, no usa spikes y no suda: es una hoja de cálculo en una oficina de riesgos en Nueva York.
A semanas del Play Ball del Clásico Mundial de Béisbol, la realidad nos golpea con la fuerza de un foul en la cara: hay dos torneos organizándose en paralelo. Uno, brillante y sin fricciones, donde Samurái Japón y el Team USA anuncian a sus «caballos» —desde Shohei Ohtani hasta Bryce Harper— sin mayor drama. Y otro, angustiante y lleno de asteriscos, donde Venezuela, Puerto Rico y Dominicana deben pedir permiso y rezar para que una aseguradora decida si nuestros ídolos son «asegurables».
La «Muralla de Papel»
Aracelis León, la voz cantante de FEVEBEISBOL y COPABE, ha sido diplomática pero clara: el cuello de botella no es la MLB per se, es el seguro. Pero, vamos a leer entre líneas. Decir que «las aseguradoras deciden» es la forma elegante de MLB de lavarse las manos.
La narrativa oficial dice que el proceso es «neutral»: se evalúa edad, lesiones previas y contrato. Suena justo, ¿verdad? Pero la estadística —esa que tanto amamos en esta redacción— muestra una anomalía sospechosa.
¿Cómo se explica que Shohei Ohtani, un hombre que viene de cirugías complejas y vale 700 millones de dólares, reciba luz verde para batear con Japón, mientras que a Miguel Rojas o Francisco Lindor se les cierra la puerta en la cara por «riesgo crónico»? ¿Acaso el codo de Ohtani es de titanio y el de los latinos de cristal?
La respuesta duele: Interés de Mercado.
Puerto Rico y el Grito de Guerra
La situación de la «Isla del Encanto» es el canario en la mina. José Quiles, presidente de la FBAPR, no ha tenido pelos en la lengua al amenazar con no participar. Y tiene razón. Si le quitas a Puerto Rico a 8 o 10 de sus estrellas por tecnicismos de pólizas, no estás invitándolos a un torneo, los estás invitando a una masacre deportiva.
No es casualidad que las trabas se concentren en los latinos veteranos. La nueva cláusula que complica asegurar a mayores de 37 años (caso Miguel Rojas) o aquellos con historial médico denso, parece diseñada quirúrgicamente para desmantelar la profundidad de los rosters caribeños, que dependen históricamente de esa mezcla de veteranía y jerarquía.
Venezuela: La Calma Tensa
Mientras tanto, en nuestras oficinas, el roster está al 60%. Aracelis León pide calma y asegura que los correos de aprobación llegan «día a día». Pero esa incertidumbre es veneno para la preparación. Un manager como Omar López no puede diseñar una estrategia de pitcheo si no sabe hasta el último minuto si contará con sus brazos estelares o si tendrá que llamar de emergencia a un muchacho de la LVBP que ya estaba de vacaciones.
El Veredicto del negocio
Desde el punto de vista del negocio, lo entiendo: los dueños protegen su inversión. Pero desde el punto de vista del espectáculo y la integridad deportiva, esto es un fraude al fanático.
Si el Clásico Mundial quiere ser verdaderamente «Mundial» y no una exhibición glorificada de primavera para Estados Unidos y Japón, las reglas del juego —y del seguro— deben ser iguales para todos.
No podemos permitir que el «Miedo» de las aseguradoras nos robe la «Pasión» del Caribe. Porque sin Venezuela, sin Dominicana y sin Puerto Rico a toda máquina, esto no es un Clásico. Es simplemente una práctica de bateo con uniformes bonitos.
Señores de la MLB y NFP: Dejen que los muchachos jueguen. El seguro más caro es perder la credibilidad del torneo.
