Fútbol

De los potes de «Yuki-Pack» al sueño Granate: Diego González construye su rascacielos

Diego González delantero juvenil del Carabobo FC celebrando un gol en la categoría Sub-19

Tiene 18 años, mide 1.87 y sus goles ya hablan en la Sub-19 del Carabobo FC. Pero antes de ser la promesa del área, Diego González tuvo que aprender la lección más dura: para tocar el cielo, primero hay que cavar profundo.

Hay futbolistas que nacen con el balón bajo el brazo y otros, como Diego González, que se lo inventan. Su historia no arranca en un estadio de césped perfecto, sino en el recreo de un colegio, pateando envases vacíos de jugos Yuki-Pak con la furia de quien juega una final del mundo.

Hoy, ese niño de Lechería es un «tanque» de 1.87 metros que defiende los colores del Carabobo FC en la categoría Sub-19 (2007). Pero el camino entre aquel patio escolar y el Misael Delgado está pavimentado con una palabra que él repite como un mantra: sacrificio invisible.

El desarraigo como motor «Salir de tu zona de confort es lo que más te va a hacer futbolista», sentencia Diego con una madurez que asombra para su edad. Dejó la comodidad de su casa, las fiestas familiares y el calor de sus padres —sus pilares fundamentales— para perseguir una carrera que no perdona.

Sus inicios en Ciudad Vinotinto le enseñaron a «vivir del gol», pero fue su llegada a Valencia lo que terminó de moldear su carácter. Tras un inicio de temporada complicado en otro equipo, el destino (y un ojo clínico que vio su potencial) lo llevó a vestirse de granate. La adaptación fue total: «El Carabobo y yo fuimos uno solo», confiesa tras una campaña donde fue titular indiscutible en fase de grupos.

La identidad y el sueño del debut Aunque su corazón guarda un lugar especial para su tierra natal («Siempre me consideré un jugador importante de Anzoátegui»), Diego ha entendido el peso de la camiseta que viste hoy. Habla del «sentimiento granate» con respeto, comparándolo con la pasión que se vive en Caracas o Táchira.

Su sueño inmediato tiene coordenadas claras: un debut en Primera División en el Misael Delgado. ¿El escenario perfecto? Un Clásico Carabobeño contra Academia Puerto Cabello.

La filosofía del Rascacielos

Antes de cada pitazo, Diego tiene un ritual: camina al círculo central, pisa fuerte la tierra, se toca la frente y mira al cielo. Es su conexión divina, esa que le permite dejar un mensaje final que bien podría ser un lema de vida para cualquier chamo venezolano soñando con gloria:

«Cuando se hacen los edificios altos, los rascacielos, todo empieza construyendo hacia abajo. Se hacen tres o cuatro pisos de sótano para crear una base. Así es la vida: primero vas a tener que bajar, tocar suelo, y ahí empiezas a construir hacia arriba».

Diego González ya tocó suelo. Ahora, solo le queda seguir subiendo.

1 Comment

1 Comment

  1. Rafael Golindano García

    diciembre 14, 2025 at 12:14 am

    Dale hijo que tú si pues toda tu familia cree mucho en ti
    Es tu tío tico

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