Hay figuras que pasan por el deporte y hay figuras que parten la historia. Diego Armando Maradona pertenece a la segunda categoría. Su figura, el «Zeus de los argentinos», no puede ser reducida a sus gloriosos goles o a sus triunfos en Napoli. El verdadero legado de Diego Maradona es el de un dios pagano; un mito complejo que encapsuló la genialidad estética y el naufragio personal, y en cuyo reflejo, toda una sociedad aprendió a verse.
La danza del genio
Antes que el ídolo, existió el artista. El fútbol de Maradona era, ante todo, un acto estético. En lugares como Japón, la gente se fascinaba mirando sus documentales sin entender las reglas del juego. No era necesario. Veían una danza, una plasticidad y elasticidad que desafiaba la física.
Ese fue el Maradona que tomó al Napoli, un club humilde del sur de Italia, y lo puso en la cima, conquistando el primer Scudetto de su historia (1986/87) y repitiendo la hazaña en 1989/90, además de una Copa UEFA. Fue el mismo genio que, en el Mundial de 1986, convirtió un partido de fútbol contra Inglaterra en un capítulo de la historia patria.
La mano de DIOS y la viveza criolla
El Mundial de México 86 es la síntesis perfecta de la dualidad de Maradona. En cuatro minutos, firmó el «Gol del Siglo», esa corrida mítica desde su propio campo dejando atrás a cinco rivales, y también «La mano de Dios».
Él mismo lo definiría sin tapujos, con la picardía del «Pibe de Oro» : «fue como robarle la billetera a los ingleses». Lejos de ser una mancha, ese gol anotado con la mano izquierda se convirtió en la legitimación de la «viveza criolla», la trampa como herramienta válida del débil contra el poderoso. Maradona reflejaba las virtudes de la solidaridad, pero también los defectos y la ética de su sociedad.
El naufragio y la enfermedad paradójica
Pero el Olimpo tiene un precio. La presión de ser DIOS encontró grietas. Su adicción a la cocaína, descrita como una «enfermedad paradójica» y crónica, comenzó en sus días en Barcelona. Fue un usuario solapado por casi una década, negándolo públicamente hasta 1996.
Mientras el mundo idolatraba al genio, el hombre lidiaba con un trastorno crónico por consumo. Fue un naufragio personal que, según los análisis, fue ignorado o capitalizado por el mercantilismo codicioso que siempre lo rodeó, aprovechándose de la falta de madurez que caracteriza a la enfermedad de la adicción.
La herencia que no se toca
Hoy, mientras sus herederos libran una batalla legal por un faltante de 13 millones de dólares, impulsada por sus hijas Dalma y Gianinna , la verdadera herencia de Maradona no se disputa en tribunales de paraísos fiscales.
Su legado es el del «Barrilete Cósmico» , el dios imperfecto que nos enseñó que se puede ser el mejor de la historia y, al mismo tiempo, estar roto. Esa es la historia que, como él mismo sentenció, «ya no la puede cambiar nada ni nadie». Feliz cumpleaños Diego.
