El béisbol está lleno de paradojas. Y Erick Leal, con esa franqueza que lo caracteriza, parece estar atrapado en una. «No duden ni un segundo en mi capacidad y de querer jugar de corazón con la camiseta (del Caracas)», declaró a la prensa melenuda. Palabras que retumban con la fuerza de un batazo, pero que se estrellan contra el muro de la realidad. Un muro construido con las estadísticas de una temporada que, al menos hasta ahora, lo muestra lejos de aquel pitcher dominante que deslumbró con Magallanes.
Ocho victorias y una sola derrota con los Diablos Rojos de México. Números que pintan la imagen de un lanzador en plenitud, con el brazo afinado y la mente enfocada. Un Erick Leal que parecía haber dejado atrás los fantasmas de la temporada pasada, donde su efectividad con los Navegantes se infló como un globo a punto de estallar. Pero el regreso a la LVBP ha sido un aterrizaje forzoso. Cuatro aperturas con los Leones, un promedio que apenas supera un inning por aparición, y la sensación de que algo no encaja.
Con los Leones: 7.1 innings, 14 Carreras limpias, Efectividad 17.18
¿Qué le sucede a Erick Leal? ¿Dónde quedó ese pitcher que con la camiseta de Magallanes parecía imparable? ¿Es el peso de la camiseta, la presión de una fanaticada exigente, o acaso un misterio que se esconde en la mecánica de sus lanzamientos?
Las preguntas flotan en el aire como una batazo de foul, sin encontrar respuesta definitiva. Es cierto, la temporada aún es joven. Hay tiempo para enderezar el rumbo, para que Leal despliegue esa capacidad que se le atribuye.
Pero mientras tanto, la duda persiste. Como una sombra que se alarga en el terreno, recordándonos que en el béisbol, las palabras no siempre se traducen en hechos. Y que a veces, el corazón, aunque lo desee con todas sus fuerzas, no alcanza para ganar la batalla.

