Por Felipe Elías Mujica T.
Eugenio Suárez en el plato. Cincinnati ruge. Bases llenas. El drama servido en bandeja de plata… y ahí estaba CB Bucknor, con sus 26 años de mañas y sentencias erráticas, intentando «ponchar» a «Geno» no una, sino dos veces consecutivas. En otros tiempos, Suárez se habría ido masticando la rabia camino al dugout. Pero hoy el béisbol tiene un nuevo arbitro silencioso: el ABS.
Dos veces Bucknor levantó el brazo. Dos veces el venezolano, con una calma que desespera, se tocó el casco apelando al ojo biónico. Y ganó.
Las cámaras de alta velocidad no mienten; rastrean la costura desde que sale de la mano del serpentinero hasta que muerde —o no— el plato. Es justicia digital pura. Pero lo sabroso no es el sistema, sino el lenguaje corporal. Se le vio la cara de descontento al umpire; ese ego herido del oficial que se siente desafiado por un algoritmo. Suárez, sereno por fuera, seguro se reía por dentro mientras Bucknor tenía que tragarse su sentencia frente a una tribuna enardecida.
Esto cambia la psicología del juego. El lanzador, que ya celebraba el out, se queda descolocado. El bateador recibe una vida extra. ¿Y el «mascoteo» del catcher? Se vuelve un arte obsoleto ante la mirada de un robot. El béisbol de hoy es un híbrido extraño: una zona de strike de carne y hueso conviviendo con una de silicio. Como la vida misma.
Cincinnati se gozó el turno. Vieron a un hombre ganarle a la injusticia humana gracias a la frialdad técnica. Y uno no puede evitar viajar en el tiempo… ¿Se imaginan un Caracas-Magallanes con «Musulungo» Herrera o el popular «Moñoño» Acosta lidiando con un umpire robot en el plato? El show estaría garantizado.
Seguro el sistema llegará a la LVBP. Ya no tendremos el histrionismo del «Tarzán» Olivo ni el carisma de los jueces de antes. Los nuevos árbitros de la Venezuelan Umpire Camp son rigurosos, casi clínicos, buscando pasar desapercibidos. Quizás eso le quitó «sabor» a nuestra pelota… pero quién sabe si ahora la diversión vendrá de ver a un robot exponiendo los errores de los que se creen infalibles.
