Hideo Nomo abrió las puertas del Beisbol de las Ligas Mayores y por ahí se coló, bate en mano, Ichiro Suzuki. El «Hitman» japonés, con su swing de katana y su brazo de francotirador, conquistó las Grandes Ligas y ahora, por fin, ha alcanzado la inmortalidad en Cooperstown. ¡Un momento! ¿Dije inmortalidad? Parece que para uno de los votantes Ichiro es más bien un semidiós, un héroe con pies de barro, un mortal con algunas manchas en su expediente.
¡Increíble! ¿Acaso este votante se quedó dormido durante la década prodigiosa de Ichiro? ¿No vio sus diez Guantes de Oro, sus dos títulos de bateo, sus más de tres mil hits? ¿No presenció la lluvia de imparables que lo convirtió en el rey del hit, superando incluso al mismísimo George Sisler?
Al parecer, para este misterioso juez, la perfección no existe, ni siquiera en la figura estilizada de Ichiro. Quizás este votante, un fanático acérrimo de los cuadrangulares, no pudo perdonarle a Ichiro su predilección por los sencillos. O tal vez, un nostálgico de la vieja escuela, consideró que sus hazañas en la MLB no eran suficientes para borrar el «pecado original» de haber nacido en tierras niponas. ¡Vaya lógica! Como si el talento tuviera nacionalidad.
Las razones que se barajan para explicar este voto solitario son tan variadas como las interpretaciones de un haiku. Que si Ichiro no brilló lo suficiente en postemporada, que si la unanimidad debe ser una rareza reservada para dioses aún más excelsos, que si el votante en cuestión tenía un prejuicio anti-sushi… En fin, especulaciones dignas de una novela de misterio.
Lo cierto es que este voto solitario, como una mosca en la sopa, empaña un momento histórico. Ichiro, el primer japonés en Cooperstown, el hombre que demostró que el béisbol no conoce fronteras, merecía un recibimiento apoteósico, una ovación unánime. Pero ya se sabe, la perfección es una quimera, incluso en el béisbol. Y este voto disidente, aunque irritante, nos recuerda que hasta en el Olimpo hay lugar para la controversia, para la imperfección, para la humana capacidad de equivocarse.
En fin, Ichiro Suzuki ya es un inmortal. Y aunque un solo votante se haya empeñado en negarle la gloria absoluta, su legado permanecerá intacto, como un monumento a la constancia, al talento y a la pasión por el béisbol.
¡Felicidades, Ichiro! Tu leyenda trasciende cualquier voto.

