Béisbol

El pasaporte como coartada: La Italia que habla con acento de Valencia y el Bronx

Francisco Cervelli, manager de Italia, analizando la estrategia táctica y la nómina del Clásico Mundial de Béisbol.

Primer Out

Hay algo profundamente melancólico en ver una camiseta de Italia celebrando en un diamante de béisbol. El azul, ese azzurro que en el fútbol evoca a la gloria de gladiadores imperiales, en el Clásico Mundial parece más bien un disfraz de nostalgia prestada. El juego, en su esencia más tradicional, se supone que es un espejo de la identidad de un pueblo. Pero aquí, el espejo está quebrado. Miras al dugout italiano y no ves la Toscana; ves una sucursal de las ligas menores, un archipiélago de voluntades unidas no por la bandera, sino por la «Regla de la Herencia», esa hendidura legal que permite que un apellido terminado en vocal sea suficiente para reclamar una patria que nunca se ha pisado. Es un equipo de la diáspora, una legión extranjera que busca en los abuelos la validación que el presente no les dio en sus propias tierras.

Segundo Out

Si dejamos de lado el romanticismo y sacamos la calculadora, el éxito de esta Italia es un triunfo de la eficiencia administrativa de la MLB. El 89% de su roster pertenece al sistema de Grandes Ligas o Ligas menores. No estamos ante un desarrollo del béisbol europeo, sino ante un «Equipo B» de los Estados Unidos con un toque de sazón caribeño. La adición de Brayan Rocchio a última hora no es casualidad; es el blindaje quirúrgico de un infield que necesitaba seguridad para la semifinal en Miami. Francisco Cervelli, inteligente, sabe que no tiene brazos para tirar fuego, por eso confía en tipos como Michael Lorenzen y en la lectura situacional de Vinnie Pasquantino. Ese robo de base de Vinnie ante Puerto Rico es el resumen de su táctica: no son los más rápidos, pero sí los que mejor entienden las costuras de la pelota. El dato mata el relato: solo 5 jugadores nacieron en la bota. Lo demás es ingeniería de roster.

Tercer Out

¡Por favor! Que no me vengan con el cuento de que esto ayuda al béisbol en Italia. Allá lo que importa es el Calcio y si acaso Ferrari. Este equipo es una farsa comercial de la oficina del Comisionado para venderle a Europa un producto que no consumen. Y lo de Francisco Cervelli… bueno, el carabobeño tiene su anillo y sus 13 años en la Gran Carpa, nadie se los quita. Pero dirigir contra Venezuela en una semifinal, después de haber perdido siempre ante la Vinotinto desde 2009, tiene un tufo a revancha personal que se nota a leguas. Dice que ama el azzurro como a Del Piero, pero se trajo a Rocchio a última hora porque sabía que con lo que tenía no le alcanzaba. ¿Van a ganar? Quizás si, Quizas no. Pero en cualquier caso, no será Italia la que gane. Ni de broma. Es un equipo estadounidense con etiquetas de exportación. Al final, el que nace en Valencia, por más elegante que se muestre en las ruedas de prensa, sabe que el pabellón se come con caraotas, no con pasta al dente. ¡A otro perro con ese hueso!

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