La República Dominicana se detiene. Desde este miércoles 15 de octubre, el país cambia de piel y se entrega durante tres meses a su ritual más sagrado: el béisbol. Se alza el telón de la temporada 72 de la LIDOM, un torneo que nace dedicado a la leyenda Juan Antonio Marichal Sánchez, pero cuyo guion parece escrito por la tensión y el rencor deportivo.
En el corazón de la tormenta, dos viejos enemigos de la capital se miran a los ojos: los Leones del Escogido, campeones vigentes, y los Tigres del Licey, el equipo más laureado de la historia con 24 coronas, herido y hambriento de revancha.
La final de la temporada pasada no fue un cierre; fue una herida abierta. Calificada como una de las más dramáticas en 30 años, la victoria del Escogido sobre el Licey hizo más que coronar a un rey: reavivó una rivalidad capitalina que parecía opacada por el clásico nacional contra las Águilas Cibaeñas.
La historia reciente alimenta el fuego: en la última década, se han negado mutuamente la gloria del tricampeonato. El Escogido, además, ha ganado las dos últimas finales directas, una afrenta que el orgullo azul no olvida. «Ganarle al escogido va a saber diferente», sentenció el lanzador César Valdés, quien hoy sube a la lomita por el Licey para enfrentar a Grand Gavin en el duelo inaugural.
Arranca la pelota. Arranca el drama. El Escogido busca consolidar una nueva era, el Licey busca restaurar el viejo orden y, en medio de todo, una liga se enfrenta a sus propios demonios legales. El béisbol ha vuelto a casa. Y ha vuelto en llamas.
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