El 21 de marzo de 2025 amaneció con un murmullo de esperanza en Venezuela, un eco que resonaba desde las Andes hasta las costas caribeñas: ¿podría la Vinotinto exorcizar por fin a su eterno fantasma, la temible maldición de Quito? Pero el destino ya estaba escrito. El gol de Jhonder Cádiz, un destello solitario en el minuto 91+, fue un mero epitafio en la tumba de las ilusiones. El 2-1 final, fue un marcador que «salió barato» para la Vinotinto, dejó un sabor a derrota agria, a frustración ancestral.
Fernando Batista, el técnico argentino que llegó a Quito con un plan, vio como su estrategia, esa mezcla de prudencia y osadía, se convertia en un error táctico de proporciones épicas. Aclimatarse en Bogotá, reservar jugadores clave para Maturín… ¿un acto de genio o una torpeza garrafal? La alineación inicial, una suerte de monstruo Milton futbolístico, mostró desconexión y una alarmante falta de oxígeno en los pulmones. Los analistas, como buitres sobre la carroña, no tardaron en señalar que el equipo «empezó a jugar recién en el minuto 75». Un lujo que ni siquiera el más acaudalado jeque del petróleo se podría permitir en la altitud de Quito.
Las redes queman al técnico argentino, el «Bocha» está en la picota, «Batista apostó y perdió», titularon los portales, como si fuera una sentencia inapelable. ¿Dónde quedó la audacia? ¿Dónde la picardía caribeña? ¿Dónde, sobre todo, el sentido común? Las imágenes de un jugador hospitalizado, víctima de la altura, fueron la gota que colmó el vaso. «Un torbellino de improperios, y preguntas sin respuestas, la incredulidad ante lo ocurrido se apoderó de los Venezolanos. ¿Era necesario inmolarse así en Quito?». El banderazo previo al partido contra Perú, ese grito de guerra que debe resonar en Maturín, se transformará en un plebiscito para el «Bocha». Los hinchas, comienzan a impacientarse.
Algunos Medios, cual Casandras del fútbol, ya habían advertido que 2025 sería un año de naufragio. Y la derrota en Quito, como una sirena en la noche, anunció el desastre. «No hay margen de error», repiten los analistas, como si fueran loros amaestrados. Comparaciones con Páez y Farías, cual fantasmas del pasado, resurgieron para atormentar a Batista.
Maturín será el juicio final, con Perú en el horizonte, Batista enfrenta un ultimátum. Ganar o morir. El eco de Quito, con su gol insuficiente, podría ser el preludio de un adiós amargo. ¿Podrá el «Bocha» obrar el milagro o será sepultado por la maldición de Quito? El martes, Maturín será el escenario del juicio final.
