La NBA nunca es solo baloncesto. Es una saga. Cada temporada es un capítulo, y la que inicia este martes es una de las más simbólicas. El arranque de la campaña 2025-2026 no se trata únicamente de defender una corona —aunque el campeón Thunder de Oklahoma City parte como favorito—; se trata del choque inevitable del tiempo. Es la temporada 23 de LeBron James, la tiranía estadística de Nikola Jokic y la primera página en la historia de Cooper Flagg. Es el pasado contra el futuro, disputándose el presente.
Hablemos de longevidad, pero no como estadística, sino como acto de resistencia. LeBron James pisa el tabloncillo de los Lakers para su temporada número 23, de manera ininterrumpida. Es el primer hombre en la historia en lograrlo. Pero no está aquí en una gira de despedida; está asaltando los libros de historia. Con solo disputar 50 partidos, superará a Robert Parish en lo más alto del podio de juegos disputados. Necesita apenas 350 canastas de campo para eclipsar a Kareem Abdul-Jabbar y convertirse en el hombre récord absoluto. LeBron ya no compite contra sus contemporáneos; compite contra sí mismo. A su lado, Russell Westbrook también persigue fantasmas: está a solo 75 asistencias de franquear las 10.000 y a 45 robos de los 2.000. Son leyendas escribiendo sus epílogos en tiempo real.
Mientras unos miran el retrovisor, otros dominan el horizonte. La Conferencia Oeste vuelve a ser territorio de titanes. El campeón Thunder, liderado por el MVP reinante Shai Gilgeous-Alexander, es el favorito natural. Pero la corona del Jugador Más Valioso tiene un dueño que la presta a regañadientes. Nikola Jokic, el genio serbio de los Nuggets, busca su cuarto trofeo (tras ganarlo en 2021, 2022 y 2024). Su único rival parece ser el aburrimiento. O quizás Luka Doncic, ahora en los Lakers, quien reporta haber mejorado su condición física para mitigar las lesiones que frenaron su asalto previo.
El Este, mientras tanto, se lame las heridas. Los Celtics (campeones en 2024, sin Jayson Tatum) y los Pacers (subcampeones, sin Tyrese Haliburton) arrancan mermados por roturas del tendón de Aquiles. La incertidumbre reina.
Y entonces, el futuro llegó. Se llama Cooper Flagg. Nacido en 2006, el alero o ala-pívot fue la primera selección del Draft 2025, aterrizando en los Dallas Mavericks. Sus números universitarios (19.2 puntos, 7.5 rebotes) son solo la antesala de un fenómeno. Flagg no llega a un equipo en reconstrucción; aterriza en una constelación que ya incluye a Anthony Davis, Klay Thompson y Kyrie Irving. Su debut es el verdadero amanecer de esta temporada, la promesa de la próxima década que empieza a medirse contra las leyendas que aún caminan.
La temporada arranca este martes con duelos simbólicos: el campeón OKC contra los renovados Rockets de un veterano Kevin Durant, y el clásico Curry contra LeBron. Más que partidos, son metáforas. La NBA nos ofrece, un año más, su mejor drama: el de la historia escribiéndose en directo, canasta a canasta, récord a récord. El trono está en juego, y el testamento se sigue redactando.
