Por Noel Valderrama
Con solo cuatro años de existencia, los Cascabeles de Arizona, conducidos por el poderío descomunal de Johnson, irrumpieron en su primera Serie Mundial de 2001. El destino los enfrentó a los indomables Yankees de Nueva York en una batalla que estiró la resistencia humana hasta el límite de siete juegos.
El dominio inicial y el misticismo de «Mr. Noviembre»
El comienzo de la serie fue un acto de dominación absoluta. En el Juego 1, Curt Schilling propinó una paliza de 9-1. Pero el verdadero golpe llegó al día siguiente.
Randy Johnson subió al montículo para un desempeño que reescribiría la definición de la grandeza en octubre. «La Gran Unidad» lanzó una blanqueada completa de nueve entradas, con 11 ponches. Fue una demostración de poder que silenció al mundo y puso la serie 2-0.
Al trasladarse a Nueva York, la mística del “Clásico de Otoño” resurgió. Los Yankees se impusieron, y el drama alcanzó su punto máximo. Arizona vio su ventaja esfumarse en la novena entrada, con jonrones dramáticos de Tino Martínez y el jonrón de oro de Derek Jeter en extra innings, ganándose el apodo de “Mr. Noviembre”. La siguiente noche, la crueldad se repitió, dejando a los Cascabeles abajo en la serie 2-3.
El Milagro del Juego 6 y la Hazaña de Relevo en el Juego 7
El Juego de la muerte súbita se cernía sobre ellos. El único que podía detener la inminente coronación era Randy Johnson, quien volvía al montículo con la presión de salvar la temporada.
Y la «Gran Unidad» lo logró. Con siete entradas de esfuerzo titánico, Johnson contuvo la ansiedad de Nueva York, catalizando una de las palizas más grandes en la historia de las Series Mundiales, la arrolladora victoria 15-2 que forzó el Juego 7.
El telón del séptimo juego se alzó bajo una tensión casi palpable. Curt Schilling había abierto la noche. Entonces, irrumpió el gigante. Con cero días de descanso y una voluntad que desafiaba la biología, Randy Johnson se manifestó en la octava entrada. Lanzó una entrada y un tercio de relevo inmaculados, conteniendo la tormenta y abriendo el camino para la épica remontada en la novena.
Johnson, el hombre que acumuló tres victorias en esta Serie Mundial (igualando un récord de eternidad), se llevó el honor de cerrar la cortina con la victoria final. Johnson y Schilling no solo se alzaron con el MVP de la Serie Mundial, sino que se erigieron en figuras de la épica moderna, siendo nombrados «Sportsmen of the Year» por Sports Illustrated.
El récord agridulce: Los 20 ponches de Johnson
Este triunfo fue la cumbre de un año de gracia. Aún resuena en la memoria colectiva la marca agridulce del 8 de mayo de 2001, cuando ponchó a 20 bateadores de los Rojos de Cincinnati. Si bien el registro oficial fue alterado por los extra innings, aquella noche sigue siendo la prueba irrefutable de que la furia de Johnson podía, a voluntad, alcanzar la perfección numérica.
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