Por Noel Valderrama
Pongamos el cronómetro en la fecha 24 de marzo de 2001. El sol de la mañana se inclinaba sobre el diamante. Era la séptima entrada, pero la atmósfera era eléctrica. En la cima de la lomita estaba Randy Johnson, portando la camiseta de los Cascabeles de Arizona. Randy no era solo un lanzador; era una presencia imponente. Un gigante de 2,08 metros con un brazo zurdo que parecía dispuesto a descargar toda la furia del Olimpo sobre la caja de bateo.
En el plato lo esperaba Calvin Murray de los Gigantes de San Francisco. El estadio guardaba silencio, anticipando el pitch de la leyenda conocida simplemente como “La Gran Unidad”. Johnson tomó la señal del catcher, la mano escondida, y comenzó su ritual hipnótico. Hizo su característico giro, un movimiento angular y explosivo, y liberó el misil. La bola, disparada por encima de los 160 kilómetros por hora, se dirigía como un proyectil ineludible hacia el receptor.
Pero justo en la trayectoria del disparo, en ese espacio sagrado entre el montículo y el plato, el destino se cruzó de forma insólita. Un pequeño pájaro volaba desprevenido, ajeno al cataclismo que se acercaba.
El sonido que siguió fue inolvidable. Un fuerte chasquido seco que cortó el silencio del estadio. En el mismo instante en que la bola impactó el guante, el ave, desintegrada en una nube de plumas, cayó al suelo. No fue un evento deportivo ordinario; fue un relato épico consumado en una fracción de segundo. La fuerza desmedida de un hombre, medida en récords y strikes, había chocado de frente con la fragilidad de la vida. Para la historia moderna, esa imagen fue la prueba definitiva del poder inhumano de Johnson, y el comienzo de un mito.
“The Big Unit”: El Origen de un apodo icónico y el descontrol inicial
Pero Randy no siempre fue un “cirujano” en la lomita. Su presencia era un arma: una figura gigantesca que disparaba una recta aterradora, adornada por un bigote de sargento y una melena indomable. Cada vez que subía al montículo, la actitud volcánica del zurdo lo convertía instantáneamente en el terror personificado para cualquier bateador. Sin embargo, su fama de lanzador más temido venía con una severa condición: el brutal descontrol.

En sus comienzos, en los Expos de Montreal, ese poder en su brazo que permitía lanzar la bola más rápida de la Major League Baseball (MLB), también lo convirtió en el brazo más descontrolado. Y justo estando en este equipo fue donde recibió el apodo «The Big Unit» (La Gran Unidad). Tras chocar de frente con su compañero de equipo Tim Raines, este le dijo: “You’re a big unit” (Eres una gran unidad). La frase, que aludía a su imponente estatura, apariencia salvaje y descontrol animal en el montículo, quedó grabada y pronto se convirtió en el sobrenombre oficial de Johnson.
La Transformación: De descontrolado a dominante gracias a Nolan Ryan
Fue Nolan Ryan, en 1992, quien vio su enorme descontrol y le recomendó hacer ciertos cambios en sus lanzamientos. Y funcionó. Al siguiente año (1993), Johnson alcanzó una marca de 19-8, con efectividad de 3.24 y su primera temporada de 300 o más ponchados (308). Para el año 1995, Randy Johnson, ahora vistiendo la camiseta de los Marineros de Seattle, gana su primer Cy Young.
La Era de Arizona: El contrato histórico y el dúo invencible
En 1999, como agente libre, Johnson firmó un contrato histórico con los Cascabeles de Arizona (una franquicia de solo dos años de existencia). El acuerdo, por $52.4 millones de dólares a lo largo de cuatro temporadas (más una opcional), no solo fue astronómico para la época, sino que representó una apuesta audaz de un equipo joven por el poder absoluto.
El acuerdo con Johnson no tardó en ser catalogado como uno de los más rentables en la historia de la agencia libre. Ya que los Cascabeles vieron dividendos inmediatos: Johnson lideró al equipo ese año de 1999 hasta la postemporada gracias a una marca de 17-9, una efectividad de 2.48 y un récord personal de 364 ponchados, cifra líder en ambas ligas y más que suficiente para asegurar su segundo Cy Young.
El dúo invencible: Randy Johnson y Curt Schilling
En julio de 2000, los Cascabeles lograron un acuerdo que trajo al pitcher derecho Curt Schilling a Arizona, creando así el dúo de lanzadores más formidable y temido del béisbol. Este acuerdo marcó el inicio de dos años consecutivos (2000 y 2001) en los que el dúo de Arizona monopolizó la cima de la Liga Nacional, terminando primero y segundo en las votaciones del Premio Cy Young. Randy Johnson se impuso en ambas ocasiones.
Récords y Leyenda: La Cosecha de Premios Cy Young Consecutivos
Johnson, terminó la temporada de 2000 con una marca de 19-7, una efectividad de 2.64 y 347 ponches, asegurando su tercer Premio Cy Young (el segundo de forma consecutiva).
En 2001, Johnson no se limitó a repetir su excelencia; la elevó. Su marca fue de 21 victorias y 6 derrotas, con una minúscula efectividad de 2.49 y un total de 372 ponches. Esta performance le aseguró su cuarto Cy Young (tercero de manera consecutiva).
La Cima del Dominio: Randy Johnson gana la Triple Corona (2002)
Pero la culminación de su carrera llegó en 2002. Johnson alcanzó el pináculo del dominio al conseguir la Triple Corona de lanzadores, liderando la liga en: Juegos Ganados (marca de 24-5), efectividad (2.32), ponches (334).
Esta actuación no solo le valió su quinto Premio Cy Young (el cuarto consecutivo en la Liga Nacional), sino que lo estableció como el único lanzador en la historia de las Grandes Ligas en registrar cinco temporadas consecutivas con 300 o más ponches. Su dominio fue tan irrefutable que, por primera vez en su carrera, el Cy Young le fue otorgado por votación unánime.
X: @NoelValderrama
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