Hay cicatrices que no se curan en el quirófano. Sandy Alcántara tiene una en el codo derecho tras su cirugía Tommy John, pero hay otra marca en su expediente histórico que le molesta mucho más. Albert Pujols, con una libreta que huele a guion de Hollywood, destapó la olla: la rotación dominicana para el Clásico Mundial guarda a su as para el cuarto juego. Contra Venezuela.
Los quisqueyanos apelan al «Plátano Power» y juran venganza, mientras los venezolanos sacan a pasear los recuerdos de la humillación del 2023. Alcántara, por su parte, mantiene un silencio sepulcral. Ni un tuit. Ni una historia en Instagram. Pero el que sabe de pelota entiende que ese silencio es el de un francotirador ajustando la mira. Tiene hambre. Quiere lavar la mancha de ser el primer abridor dominicano en la historia en perder contra la Vinotinto en un Clásico.
Pero la pasión no poncha a nadie. Vamos a los números.
La herida del 2023: Por qué lo mandaron a la grúa
Aquel 11 de marzo en el loanDepot park, a Alcántara no lo sacaron a pellizcos. Lo despacharon a batazos limpios. En apenas 3.2 innings, le fabricaron tres carreras limpias y lo sacaron del juego. ¿La receta? Obligarlo a salir de su zona de confort.
Salvador Pérez y David Peralta le descifraron los envíos en el cierre del cuarto inning. Previamente, con dos outs en el segundo episodio, Anthony Santander le pescó un pitcheo equivocado y la mandó a volar a 393 pies por el jardín derecho. La toletería criolla no intentó batearle rodaditos; buscaron elevar la pelota y lo castigaron con varios batazos contundentes, algunos fueron extrabases.
Alcantara: Tira duro, pero es predecible
El Sandy Alcántara del 2025, recién salido de la rehabilitación, no es el mismo monstruo intocable que ganó el Cy Young en 2022. Sí, el radar sigue marcando fuego. Su recta de cuatro costuras y su sinker promedian 97 mph. La velocidad intacta. Pero… el comando fino parece haberse quedado en la sala de operaciones. Prueba de eso, su reciente actuación en los entrenamientos de primavera, durante una entrada recibió un jonrón y tres carreras.
Los datos recientes son alarmantes para un pitcher de su jerarquía. Su recta de cuatro costuras fue masacrada en 2025, permitiendo un astronómico promedio de .345 y un slugging de .638, con un 67.4% de batazos de contacto fuerte. ¿Su cambio de velocidad? Aquel pitcheo que era una sentencia de muerte (.146 de AVG permitido en 2022) se volvió dolorosamente bateable (.282 de AVG y .401 de SLG). Sigue lanzando misiles, pero sin localización, esos misiles se convierten en estacazos en contra.
El plan de vuelo de Venezuela
¿Cómo se le gana a este toro herido en 2026? Con disciplina militar en el plato.
El mayor error que puede cometer la alineación de Omar López es irse de bruces persiguiendo ese sinker que se entierra debajo de las rodillas. En 2023 le sacaron boletos, le dieron hits, jonrones, y esa fue la llave que abrió la puerta del rally. Arráez, Acuña y compañía tienen que exprimir cada turno. Forzarlo a trabajar.
La orden desde el dugout debe ser clara: prohibido perdonar la recta en conteos de bateador (2-0, 3-1, 1-0). Si Alcántara se ve obligado a usar su recta de cuatro costuras para no regalar las bases, Venezuela tiene que estar lista para halar la pelota y buscar las gradas.
¿Tendrá Alcántara la frialdad para ejecutar su revancha sin que la sobreexcitación le pase factura en el control? ¿Aguantará Pujols a su abridor si la Vinotinto le llena las bases en el segundo inning?
Esto ya no es béisbol. Es un ajuste de cuentas.
