La barrida sobre Cincinnati fue solo el prólogo. Este sábado, los Dodgers liberan a Shohei Ohtani en el Juego 1 de la Serie Divisional. No es un debut: es una revolución. El béisbol se prepara para presenciar lo que jamás ha visto. En la tierra de los gigantes, el monstruo ha despertado.
Que nadie se engañe con la champaña que Mookie Betts y los Dodgers descorcharon. La barrida sobre los Rojos de Cincinnati no fue una celebración: fue una señal clara de sus potencialidades. El estruendo de una maquinaria ofensiva extraordinaria que anotó 18 carreras en dos juegos ahora enfila sus cañones hacia Filadelfia. Pero la verdadera noticia —el terremoto que sacude los cimientos de la postemporada— llegó después, desde la oficina del mánager Dave Roberts: el arma definitiva será desatada. Este sábado, en el primer juego de la Serie Divisional, Shohei Ohtani subirá a la loma. El béisbol, tal como lo conocemos, se prepara para un momento que jamás ha presenciado.
Los Dodgers llegan a la cita como favoritos indiscutibles. Su ofensiva, anclada en el corazón de un lineup que mete miedo —con Ohtani (55 jonrones) y Betts a la cabeza— desmanteló a Cincinnati. Incluso su pitcheo dio muestras de carácter, como cuando Yoshinobu Yamamoto, con las bases llenas y el relámpago Elly De La Cruz en el plato, sacó de su repertorio una curva venenosa para sofocar la rebelión. Son los campeones defensores y están jugando su mejor béisbol. Y ahora, le entregan la pelota a su dios particular.
Lo que sucederá este sábado trasciende un simple debut. Ohtani se convertirá en el primer pelotero en la historia de las Grandes Ligas en abrir un juego de postemporada como lanzador y, a su vez, haber participado en la misma postemporada como jugador de posición. Lean eso de nuevo. No es un récord: es la creación de una categoría nueva, un hito que define una era. Es la coronación del pelotero total, del monstruo fuerte que batea como un dios y, ahora, se dispone a lanzar como un demonio en el escenario más brillante de todos.
Y que nadie piense que esto es un capricho o un experimento. Ohtani, apenas diez meses después de su segunda cirugía de codo, llega a esta apertura en un estado de dominio absoluto. En sus últimas cuatro salidas de la temporada regular tejió una obra de arte: 19.2 innings, una sola carrera permitida y 27 bateadores enviados de vuelta a la cueva con la cabeza gacha. ¿El detalle más sublime? Su última joya fue precisamente contra los Filis, a quienes silenció con cinco entradas sin hits el pasado 16 de septiembre. Es más que un debut: es el segundo acto de una humillación anunciada.
Ohtani es el fenómeno que aparece una vez cada cien años, el único pelotero moderno cuya conversación empieza con Babe Ruth y termina con Michael Jordan. El mismo hombre que en 2024 se convirtió en el primer miembro del club 50-50 (50 jonrones, 50 bases robadas), ahora tiene la misión de domar a los Filis en una serie que se perfila como un choque de pesos pesados. La estrategia de Filadelfia será atacar el bullpen de Los Ángeles. Pero para llegar a ese bullpen, primero tendrán que sobrevivir al japonés.
Así que prepárense. Lo que veremos el sábado no es solo el Juego 1 de la Serie Divisional. Es una cita con la historia. Es la oportunidad de presenciar a un atleta que desafía la lógica y redefine los límites de la grandeza humana. En la tierra de los gigantes, en el hostil territorio de Filadelfia, Shohei Ohtani no solo lanzará contra Bryce Harper y compañía. Lanzará contra la historia, contra la duda y contra la propia idea de lo imposible. El monstruo ha sido liberado en octubre.
