Ozzie Guillén, con el corazón en la mano y la sinceridad que lo caracteriza, se despidió de la fanaticada de los Tiburones de La Guaira a través de las redes sociales. Un mensaje cargado de agradecimiento a peloteros, coaches y personal del equipo, pero con un dejo de dolor y resignación ante una situación que, a todas luces, parece un desastre de gerencia.
La directiva del equipo había prometido «sorpresas» para diciembre, pero nadie esperaba que la mayor de ellas fuera la autodestrucción del equipo campeón.
¿Sorpresa? Sí, la misma que nos llevamos todos al ver cómo, desde el alto mando, se han tomado decisiones que impactan negativamente a la organización y a la afición.
Decisiones que han cambiado el rostro de un equipo que hace apenas unos meses llenaba de alegría a toda Venezuela al conquistar la Serie del Caribe.
Y no exagero al hablar de un desastre de gerencia. La falta de incorporaciones de peso, la ausencia de grandes ligas o importados de renombre, son solo la punta del iceberg. El despido de Oswaldo Guillén, el mismo que llevó a los Tiburones a la gloria, es la gota que derrama el vaso. Una decisión errática e inexplicable que deja en evidencia la pésima gestión de la directiva.
Mientras escribo estas líneas, el dueño del equipo, Wilmer Ruperti, intenta enmendar el error. A través de un mensaje en redes sociales, admite haber escuchado a los jugadores y deja sin efecto el despido de Guillén. Incluso, con sus propias palabras, lo ratifica como manager… pero le pide que regrese. ¿En serio? ¿Así es como se maneja un equipo profesional?
Con este desastre de gerencia, no me extrañaría que Guillén, a pesar del apoyo de los jugadores, decida no volver. Detrás de este despropósito deben existir motivos ocultos que empañan el trabajo de técnicos y peloteros. Una gerencia errática y con un manejo desastroso de la comunicación ha lanzado por un barranco a los Tiburones.

Maltratar a un estratega de la talla de Oswaldo Guillén, afectar la nómina del equipo, realizar cambios sin sentido… A pesar de todo, Ozzie se mantuvo al frente, demostrando su calidad y compromiso. Despedirlo fue la cúspide de la incoherencia. Ahora, le ruegan públicamente que regrese.
Si me preguntan, creo que Oswaldo seguirá dirigiendo en Venezuela, pero no a estos Tiburones con una gerencia desastrosa. Les dirá que no, que ya fue suficiente. Encontrará paz y éxito en otro equipo. No faltará quien lo quiera al frente de un proyecto serio y con aspiraciones.

