Hay algo profundamente cínico en la forma en que se manejan algunos equipos del béisbol venezolano. Un tufillo a hipocresía barata que se respira en cada comunicado, en cada declaración forzada. El caso de Alexi Amarista y los Tigres de Aragua es apenas una muestra más de este circo de doble discurso, donde las palabras se las lleva el viento y los intereses particulares se imponen sobre el amor a la camiseta, a la patria, a ese supuesto «compromiso con el béisbol venezolano» que tanto pregonan.
Amarista, un veterano curtido en mil batallas, se atrevió a levantar la voz. Denunció las presiones del alto mando de los Tigres para que no jugara con Venezuela en el Premier 12. «Me sacan del roster porque di mi palabra para asistir al Premier 12«, declaró al periodista Jesús Ponte. Palabras claras, directas, sin vueltas. Un jugador que prioriza el llamado de la patria por encima de los mezquinos intereses de un equipo.
Y la respuesta de los Tigres? Un comunicado frío, impersonal, sin firma, donde «ceden» a Amarista a la selección. Un acto de aparente magnanimidad que esconde la vergüenza de haber sido expuestos. ¿Dónde quedó la presión? ¿Dónde quedaron las amenazas? Se evaporaron como por arte de magia, dejando en su lugar un rastro de cinismo que impregna todo el ambiente.
Omar López, manager de la selección, y otros peloteros como Hernán Pérez salieron en defensa de Amarista. «Ya basta de humillación y falta de respeto hacia los peloteros», sentenció Pérez. Un grito de hartazgo ante la prepotencia de quienes manejan los hilos del béisbol a su antojo.

¿Qué pasará cuando Amarista regrese del torneo? ¿Lo recibirán con los brazos abiertos o lo relegarán al ostracismo? ¿Seguirá vistiendo la camiseta de los Tigres o será ficha de cambio? Las preguntas flotan en el aire, mientras el doble discurso felino sigue campante, mostrando la verdadera cara de un béisbol donde los valores se negocian al mejor postor.

