En el Parque Miranda, abarrotado, donde el baloncesto venezolano late con furia y pasión, está noche de febrero casi se convirtió en tragedia. Un punto, un mísero suspiro, separó la gloria del abismo, y la «Vinotinto de las Alturas» alzó su voz para gritar: ¡Nicaragua, allá vamos! Venezuela, con el alma en vilo y el corazón en la garganta, selló su pase a la AmeriCup 2025 tras un duelo muy duro contra Chile, un partido que necesitó tiempo extra para decidir su destino.
El 73-72 final fue una muestra de la batalla campal que se libró en la cancha. Chile, con su garra y determinación, llevó el juego al límite, obligando a la Vinotinto a sacar lo mejor de sí. Los chilenos, con su tenacidad, empataron el partido en los segundos finales del tiempo regular, mandando el duelo al infierno del tiempo extra. Pero ahí, en ese purgatorio de adrenalina, surgieron los héroes.
Yohanner Sifontes, a pesar de fallar desde la linea de tiros libres al final con sus 14 puntos, fue el mejor de la noche. Anyelo Cisneros, con 13 puntos, fue el escudero perfecto, secundando a Sifontes en la ofensiva. Gregory Vargas, el veterano de mil batallas, manejó los hilos del equipo con maestría, repartiendo asistencias con sabiduría . Y José Ascanio, fue el gigante bajo el aro, capturó 8 rebotes, asegurando segundas oportunidades vitales.
La afición, incansable y entregada, fue el sexto hombre en la cancha. «¡Vamos, Venezuela!» resonó como un mantra, un grito de guerra que impulsó a los jugadores hasta el último segundo. Parque Miranda se convirtió en un manicomio de emociones, donde la alegría y la tensión se mezclaron en un cóctel explosivo.
Este triunfo no fue solo un pase a la AmeriCup, sino una reafirmación del espíritu indomable de esta generación de la Vinotinto. Un equipo que ha superado altibajos, que ha saboreado la derrota y la victoria, que nunca se rinde. Chile, con la frente en alto, se despidió de la contienda, pero la noche fue vinotinto, una noche de gloria, una noche para recordar.
