Béisbol

Venezuela 4, Nicaragua 0: El peso de Acuña ante el silencio del lineup

Ronald Acuña Jr. celebra jonrón en la victoria de Venezuela 4-0 sobre Nicaragua en el Clásico Mundial

Primer Out

Hay jornadas en las que el béisbol se empeña en ser un ejercicio absolutamente atípico. En el LoanDepot Park, el diamante pareció por momentos un desierto de cal y arena donde solo brotaba la voluntad de un solo hombre. Mientras la luna de Miami se filtraba por las rendijas, la selección venezolana caminaba sobre el filo de una navaja invisible; esa extraña sensación de dominar el marcador pero sentir que el madero es muy pesado y mudo en las manos de casi todos. Ronald Acuña Jr., con esa cadencia que solo tienen los elegidos, se movía por las bases como quien reclama un territorio que le pertenece por derecho divino. Fue una victoria de pinceladas breves, de «pequeñas cosas» que, sumadas, terminaron por construir un cuadro de alivio. Y es que el juego, en su infinita sabiduría, nos recordó que la belleza no siempre está en el estruendo del bate, sino en la angustia de un cero que se defiende con el alma en la punta de los dedos.

Segundo Out

Vámonos a los papeles, que los sentimientos no ganan campeonatos. Lo de hoy fue una anomalía estadística que debería encender algunas alarmas en la cueva de Omar López. Si extraemos a Acuña de la ecuación —quien se fue de 3-3 con boleto, robo, dos anotadas y el único jonrón de la noche—, la toletería criolla por momentos firmó un gélido 14-0. ¿Cómo se ganan cuatro carreras con ese desierto ofensivo? Oficio y ejecución. Venezuela apeló al «Librito»: elevados de sacrificio, agresividad en las almohadillas y una capitalización quirúrgica de las pifias nicaragüenses. Pero el verdadero seguro de vida estuvo en el guante. Gleyber Torres decapitó un hit que olía a carrera remolcada y Andrés Giménez, con sus tres Guantes de Oro pesando en la muñeca, dictó una cátedra de movilidad en el campocorto. El manejo del bullpen por parte del manager Omar López fue agresivo y acertado; desfilaron siete serpentineros para apagar incendios, incluyendo un relevo de emergencia de Christian Suarez que sacó un cero de antología con dos en base. Machado puso el candado con tres ponches.

Tercer Out

Muy bonito el blanqueo, sí. Pero no se llamen a engaño, mis amigos. Ganarle a Nicaragua haciendo «lo justo» es como celebrar que llegaste temprano a una cita donde el invitado principal todavía no aparece. El miercoles el enemigo viste de plátano y tiene un lineup que asusta hasta a los vivos. ¿De verdad creen que vamos a frenar a la artillería de Quisqueya yéndonos de 14-0 con el resto del equipo? ¡Por favor! Hoy Ronald fue la grúa, el motor y hasta el que vendía las arepas en la tribuna, pero el béisbol es un juego de nueve, no un monólogo de La Sabana. Omar López movió bien sus piezas, pero cuidado con quemar los brazos antes de tiempo por culpa de una ofensiva que se quedó dormida en los laureles. ¿Será que el resto del equipo necesita un café de los Pajaritos para despertar el madero? Mañana sabremos si esto nos alcanza para bailar con la más fea o si nos quedamos vestidos y alborotados en la puerta del baile. Amanecerá y veremos… si es que nos dejan ver.

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