Fútbol

La maldición de Quito

Aquel disparo imparable de José Manuel Rey en el lejano 2007, un gol que desafió la lógica y las leyes de la física, se ha convertido en una historia de culto para la Vinotinto, una especie de conjuro contra la temible maldición de la altura de Quito. Porque ahí, a casi tres mil metros sobre el nivel del mar, donde el oxígeno es un bien escaso y los pulmones se desinflan, Venezuela históricamente se ha enfrentado a un enemigo más poderoso que cualquier equipo: la altitud. Y ahora, a pesar de eso, el optimismo caribeño inunda el ambiente, ¿será este el momento en que se rompa el hechizo?

Si el fútbol fuera una ciencia exacta, la Vinotinto ya habría abandonado cualquier esperanza de victoria en Quito. Pero, afortunadamente, el balompié es un territorio de lo impredecible, un juego donde la fe colectiva puede mover montañas (o al menos, hacer que un balón vuele de forma inusual y se convierta en un gol del medio campo). Y es que, la frase clave de hoy, las “Estrategias para ganar en Quito”, no son solo tácticas en un pizarrón, sino una danza donde se entrelazan la ciencia y la superstición.

Lo ideal era llegar a Quito con una semana de antelación, dicen los expertos, es como darle a los pulmones un curso intensivo de supervivencia en el Everest. Pero si el calendario no lo permite, siempre queda el plan B: las cámaras hipóxicas, esos artilugios que simulan la falta de oxígeno y que, según algunos, hacen que los jugadores se sientan como peces fuera del agua.

Mantener el balón en el suelo, es otra de las estrategias. Pases cortos y precisos, para dosificar la energía y desesperar al rival. Porque aquí, en Quito, correr es un lujo que pocos se pueden permitir.

Presionar al rival desde el inicio, para forzar errores y recuperar el balón. Pero ojo, que la altura castiga el exceso de entusiasmo. Aquí, la presión debe ser selectiva.

Aprovechar la velocidad de los delanteros, como Salomón Rondón, o el inesperado Jan Hurtado. Balones largos, como si fueran misiles teledirigidos, para evitar el desgaste en el mediocampo. Y ser letales, como un francotirador, en las pocas oportunidades que se presenten.

Un gol en Quito es como un puñal en el corazón. Mantener la defensa ordenada, como si fuera una coreografía milimétrica, y cerrar espacios, como si fueran secretos de Estado, será crucial para resistir la presión local.

El gol de Rey en 2007, esa hazaña que desafió la gravedad, debe ser usado como un arma psicológica. Demostrar que la invencibilidad ecuatoriana en casa es solo un mito, un cuento de hadas para asustar a los niños.

La altura castiga más en la segunda mitad, como un juez implacable. Jugadores frescos, aclimatados y con pulmones de fuelle, serán cruciales para los tramos finales del partido.

¿Tiene la Vinotinto el carácter para lograrlo? ¿Podrán repetir la hazaña de Rey y demostrar que, en el fútbol, nada es imposible? Esa es la pregunta que nos ronda a todos, mientras esperamos que el balón empiece a rodar y la historia se escriba con goles «inusuales» y victorias «inesperadas».

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