En medio de las ruinas de lo que ha sido calificado como uno de los mayores fracasos del fútbol venezolano, la Federación Venezolana de Fútbol ha salido al mercado. La misión: encontrar un nuevo seleccionador. Pero la lista de la compra —un catálogo de nombres tan dispares como Tite, Farías, Dudamel, Tolisano o Saragó— revela una verdad incómoda: la FVF no está buscando al arquitecto de un proyecto, sino un titular de prensa. Un nombre que deslumbre, un paño caliente para tapar una crisis que no es de resultados, sino de identidad.
El problema no es que Tite, el gran candidato, carezca de credenciales. Dirigir a Brasil en un Mundial impone respeto inmediato. El problema es que su posible fichaje parece una solución efectista, no el fruto de un análisis profundo. Cuando se barajan perfiles tan opuestos, con maneras de jugar antagónicas entre sí, se envía un mensaje peligrosísimo: no tenemos idea de cómo queremos jugar.
Es como ir al supermercado sin receta, comprando los ingredientes más caros con la vana esperanza de que, al juntarlos, milagrosamente resulte un plato gourmet.
El fútbol —y la historia misma de la Vinotinto— nos enseña que el camino es exactamente al revés. El proyecto debe nacer del futbolista, no imponérsele. Venezuela goza hoy de una generación envidiable: Yangel Herrera, Telasco Segovia, Jefferson Savarino, Yeferson Soteldo… El talento existe. ¿Por qué, entonces, no construir la selección a partir de sus cualidades, su carácter?
La identidad de la Vinotinto del futuro está ahí, en la cancha, esperando un sistema que la potencie. No el nombre de un técnico que la opaque.
Ignorar esta realidad es tropezar de nuevo con la piedra de procesos fallidos, como el de Fernando Batista. Un técnico que no solo no supo crear un sistema coherente —haciendo que las estrellas rindieran por debajo de su nivel real— sino que además demostró un profundo desconocimiento de la idiosincrasia del jugador criollo, hablando de una mentalidad que Richard Páez enterró hace dos décadas.
Fue la crónica de un fracaso anunciado. La consecuencia directa de no tener un plan.
El nuevo entrenador debe darle a la Vinotinto el impulso necesario para evolucionar. Herramientas para desarrollar un modelo de juego moderno y valiente. La clave podría no estar en los nombres. Lo relevante son las ideas. Y con ellas, potenciar a los nombres.
La FVF se enfrenta a un amistoso contra la campeona del mundo en el Hard Rock Stadium. Una oportunidad que los organizadores venden como “única”. Pero la verdadera oportunidad única está en la oficina de la federación.
Deben dejar de buscar soluciones mágicas y empezar a construir, toque a toque, una identidad de juego. Un legado que parta desde la Sub-17 y llegue hasta la selección mayor.
La Vinotinto no necesita un nombre que la deslumbre. Necesita un norte que la guíe.
La pregunta es si la FVF tiene el coraje de buscar un cambio real… o solo otro titular para los medios.
