Por Felipe Elías Mujica T.
¡Cuántos juegos he visto! Por la Vinotinto he reído, he sufrido y he llorado. Esta noche no es un partido más; es una cita con la historia donde todas las emociones estarán a flor de piel. He pasado más de 40 años soñando con ver a nuestra selección en un Mundial y hoy, podríamos dar un paso decisivo hacia ese anhelo. ¿Será, finalmente, el Mundial de 2026 nuestro momento? La posibilidad de asegurar el repechaje está sobre la mesa, lo que ya representaría el mejor resultado en la historia de Venezuela.
Son tantos años de fútbol, de sentirnos visitantes incluso en nuestra propia casa. Han sido décadas de encuentros que nos mostraron a un equipo capaz de «jugar como nunca y perder como siempre», pero también fuimos testigos de la increíble transformación: de una eterna cenicienta a la verdadera esperanza Vinotinto que es hoy.
He gritado innumerables goles, la mayoría frente a un televisor. Desde aquel de René Torres contra Argentina, pasando por el zapatazo de José Manuel Rey a Ecuador en Quito, el cabezazo de Grendy Perozo ante Paraguay en la Copa América, o el más reciente de Salomón Rondón contra Canadá en la misma cita continental. Sin embargo, nada se compara con la emoción de estallar en las gradas, rodeado de la energía de tu gente.
Tuve la fortuna de vivirlo en carne propia. En Pueblo Nuevo, Táchira, casi muero de la emoción con aquel gol del «Turbo» González contra Paraguay. ¡Perdí el aliento al gritarlo! Años después, en Anzoátegui, celebré como un loco el tanto de Fernando Amorebieta para ganarle a la todopoderosa Argentina. Hoy, mis sobrinos tienen la oportunidad de forjar su propio recuerdo en esta jornada histórica. Espero que puedan gritar con toda el alma los goles que nos aseguren ese anhelado repechaje.
Hoy, por encima del estilo, lo que importa es el resultado. Ganar es lo único relevante. Si el equipo no brilla, si no rinde como en otras ocasiones, no pasa nada. Triunfar, de cualquier forma, es el objetivo. Ya quedaron en el pasado las dudas sobre su rendimiento como visitante, que contrastaba drásticamente con la solidez mostrada en Maturín. Allí, la defensa fue infranqueable y Rafa Romo —digno heredero de los grandes arqueros venezolanos— se erigió como figura. No en vano, solo potencias como Argentina y Brasil pudieron marcarle en el Monumental.
Insisto: hoy solo importa vencer. Estamos todos unidos en un mismo sentir, y aunque en el fútbol no se gana solo con fe, yo apuesto a la esperanza. Apuesto a que la capacidad goleadora de Salomón se impondrá y que Romo hará lo que mejor sabe hacer. Confío en que el «Brujo» Martínez y Telasco Segovia serán los ejes de un mediocampo que destruya, recupere y genere las mejores opciones de ataque. En el frente, Josef Martínez se perfila como el acompañante ideal para Rondón.
Enfrente estará Colombia, ya clasificada para el Mundial, pero que seguramente no regalará nada. A pesar de la hermandad, el país vecino no tiene la misma urgencia. Son los nuestros quienes tienen la necesidad imperiosa de ganar. La motivación nacional debería ser el factor decisivo.
Mientras tanto, todas las miradas y oídos estarán también en el altiplano de La Paz, donde Bolivia recibirá a Brasil. La esperanza de todo un país estará pendiente de ese resultado en tiempo real. El hecho de que Brasil juegue de noche podría mitigar los efectos de la altura, un factor que inclina la balanza a favor de la Canarinha y, por extensión, de nuestros intereses.
El país entero está emocionado, expectante ante lo que podría ser un momento mágico. Este no es un logro que llega de la nada. Quien así lo crea, no entiende lo que hemos vivido: tantos nombres que pasaron, tantas goleadas sufridas, tantos sacrificios. Hoy no es solo un partido, es el primer gran triunfo de la ruta final al Mundial. A pesar de todo, hoy estamos más unidos que nunca ante una oportunidad histórica. Hoy, la Vinotinto no solo juega por tres puntos; carga sobre sus hombros los sueños y las esperanzas de millones de venezolanos que hemos reído y llorado por la gloria en el fútbol.
